El Café Que NO Sabe a Café: Mi Historia de la Primera Cata Que Cambió Todo

Pasé años tomando café sin realmente probarlo. Hasta que un día, todo fue diferente. Y fue precisamente aquí en República Dominicana.

 

Yo no soy cafetero de cuna. Suena raro decirlo ahora que paso mi vida hablando de café, pero es verdad.

 

Vengo del mundo del chocolate y los licores. Y cuando me invitaron a trabajar en una fábrica de café en el Cibao, a mediados de 2018, honestamente no tenía ni idea de lo que estaba entrando. Traía experiencia en plantas de producción, en procesos, en lean manufacturing —soy ingeniero agroindustrial, graduado de la UCLA de Venezuela— pero de café no sabía absolutamente nada.

 

Mi relación con el café era la de la mayoría de los dominicanos. Me levantaba, montaba la greca mientras me iba a bañar, la dejaba burbujeando, me la servía con leche y azúcar, y listo. Café. Sin pensarlo. Sin cuestionarlo. Sin realmente probarlo.

El Día Que Todo Cambió

Unos meses después de entrar a la fábrica, el encargado de calidad me invita a participar en una cata de café de especialidad. Era parte de mi onboarding como gerente de operaciones, pero honestamente, yo pensaba: “Ok, vamos a probar café, ¿qué tan diferente puede ser?”

 

Ay, hermano. Qué equivocado estaba.

 

Lo primero que me explican es el formato SCAA —la Standard for Cupping Specialty Coffee—. Toda una metodología científica y estructurada. Tamaño exacto de la molienda. Tiempos de infusión precisos. Temperatura del agua controlada. “Romper taza” —que sí, suena como si fueras a lanzar la taza contra el piso, pero no, es otra cosa. Jaja.

 

Prepararon las tazas. Pesaron el café. Calentaron el agua. Era algo totalmente diferente a lo que yo conocía.

 

Y entonces…

La Verdadera Locura

Empezamos a probar. Y no es como tomar café normal. La técnica es particular: absorbes el café desde la cuchara con mucha fuerza, creando casi un spray en tu boca. Y es ahí donde mi cerebro explotó.

 

¿Qué son todos estos sabores?

 

Nunca —y digo NUNCA— había probado un café que supiera a tantas cosas. Algunos tenían notas de flores de jazmín. Otros a cereza y frambuesa. Algunos más a carambola. Mi memoria sensorial no lograba procesarlo. Cada sorbo era una sorpresa.

 

Pero lo más loco fue esta: los catadores estaban identificando sabores específicos. Y no inventaban. Cada nota tenía una razón. La altitud en la que creció. El proceso de fermentación. El origen exacto del grano.

 

Era como si me hubieran quitado una venda de los ojos.

Lo Que Pasó Después

A partir de ese día fue cada vez más difícil seguir consumiendo café que no fuera de especialidad. Esa experiencia sensorial era realmente adictiva. Quería participar en cada cata. Me volví parte del panel para la evaluación sensorial de ese “oro verde.”

 

Y aquí viene lo importante: ese café que probé esa primera vez, que no sabía a café sino a flores, a frutas, a complejidad… era café dominicano. De esas regiones que te menciono. Producido aquí.

Para Ti

Aquí viene la pregunta que te hago ahora, años después:

 

¿Alguna vez probaste un café que realmente te haya sorprendido? ¿O has estado como yo estaba, años tomando café sin realmente probarlo?

 

Porque la verdad es que no es tu culpa. El café de especialidad no es algo accesible para todos. Los precios son diferentes. Pero está aquí. Está cerca. Y está esperando que lo descubras.

 

La experiencia que tuve yo, esa que cambió mi perspectiva completamente, no era un café importado de un país lejano. Era café dominicano. De aquí. De nuestras montañas.

 

¿Cuándo es tu turno de descubrirlo?

¿Quieres vivir tu propia experiencia de cata? No necesitas saber nada de café. Solo curiosidad.

 

Tengo seminarios privados, eventos de cata, y calibraciones para equipos que quieran entender realmente el café. O si eres empresa y buscas mejorar tu proceso, hablamos.

 

📩 Instagram: @josegcafetero
📧[email protected]
📱 829-354-3214

 

Vamos a cambiar tu relación con el café. Una taza a la vez.

 

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